EMMA

Rosa Ribas

 

Todas las mañanas despiertas en una habitación que no reconoces y una ficha de cartulina clavada en un panel con una chincheta te recuerda que te llamas Emma. Todos tus recuerdos cuelgan de chinchetas en el panel. El resto es lo que te cuentan y olvidas día tras día: que eres escritora, que sufriste un ictus, que estás en una clínica para recuperarte. Y que un día viste algo que no deberías haber visto. Tampoco lo recuerdas. Aunque sí lo hace Rosaura, otra de las internas, que anota todos tus recuerdos en un diario que oculta de todas las miradas.

No te puedes fiar de nadie, Emma. Ni de las enfermeras, cuyos nombres no logras recordar, ni de las otras internas. ¿Te puedes fiar de Rosaura? ¿Te puedes fiar de tu hija, que te visita todas las tardes? No te fíes de nadie, Emma. Ni siquiera de ti misma.