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JOSÉ MARÍA ESPINAR

Nací en Granada el 27 de septiembre. Hijo, nieto, bisnieto y tataranietos de catedráticos de universidad. Por parte de madre soy descendiente directo de Carlomagno. Crecí en Madrid y pegué el estirón en Málaga para regresar, ya hecho un adolescente, de nuevo a la capital de España en la que viví hasta cumplir los treinta. A esa edad me mudé a vivir a Tenerife. En la actualidad vivo a caballo entre Tenerife y Madrid. Viajo en avión todas las semanas: soy un hombre que literalmente está en las nubes.

Soy profesor colaborador de la URJC en su CUI, llevo diez años enseñando español como ELE e Historia de España y de la literatura española a alumnos extranjeros. Antes fui azafato, y antes acomodador de cine, y antes dependiente y mozo de almacén.

Antes de ganar el premio Ciudad de Getafe había autopublicado seis libros de poesía (El poeta que fue Jueves, El último argonauta, Astronomía en verso y Poesía en cuarentena, que recogía los poemarios En la grieta de una gran hada, Los versos de Alamut y Un poeta en Nuevo Yo). Los retiré de la circulación al llegar a la literatura profesional: considero mis obras anteriores a El peso del alma perros hermosos pero cuajados de pulgas y garrapatas. Los lectores deben sentir asombro, no compasión. (Con la novela El peso del alma gané también el premio Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón). En abril de este 2018 he publicado El secreto de Wadi-as, un novelón histórico, de la mano de Ricardo Artola en la editorial Arzalia.

Soy apasionado y contradictorio. Frío o caliente. A veces me enmascaro en una exquisita educación, pero si me tocan los cojones sale la bestia. Me apena que la gente confunda educación con debilidad. Soy escritor hasta la médula, hasta el punto de sentir a la familia como un lastre (en seguida se me pasa ese pensamiento). Creyente, progresista. No me gusta nada ser el centro de atención (aunque parezca lo contrario). Confieso que he vivido y que he bebido. Me avergüenzo de alguna de las cosas que he hecho, son mi condena y mi cadena perpetua de silencio. Ya ajustaré cuentas con Dios. Me interesan mucho la filosofía y la política. Soy hombre de palabra, nunca traiciono y me considero una persona leal y agradecida.

Soy (fui) torero. Hago magia. Boxeo. Tengo una banda de rock & roll. He ligado mucho.