Hablamos de Vieja entrepierna humeante

«2.- V de viejo

En nueve años no había estado separado de V durante tanto tiempo, de modo que la escenita de despedida delante de la tipa de la única guardería canina de la provincia lo tuvo todo: desde la típica voz estúpida para dirigirte a bebés hasta el arrebato de nostalgia pasando por un pequeño monólogo atascado en la garganta, y por primera vez sí que me sentí como un viejo chocho.

La chavala nos miraba con fijeza y, aunque estuviera sonriéndonos, el viso de vergüenza ajena con chispazo de impaciencia era del todo insalvable. Estaba claro que ya se había acostumbrado a este tipo de numeritos y que sin embargo deseaba huir cada vez que presenciaba uno.

Pero que la fueran jodiendo. Siempre ha sido así, desde que era una bola de pelo minúscula. Si hasta cuando iba a por el pan me despedía de él como si me estuviera yendo a la guerra. Por lo que pudiera pasar. Le achuchaba el hocico y le decía que se portara bien. Que fuera bueno.

Como ahora.

Era mi compadre».

 

AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA

Sevillano, de Triana, 1989 (año III antes de la Expo), su infancia fue Jerez de la Frontera.

Jugaba solo, pasaba de otros niños. Todo era Batman, el kit completo de Batman con el que se montaba sus historias, sus representaciones, sus novelitas sin tinta ni papel.

De puchero (cocido de arroz) y carne mechá los domingos, y vacaciones en Chipiona, lo intentó con el fútbol: jugaba de portero. Pero no. Lo que siendo pequeño quería ser de mayor era superhéroe, primero, y piloto de caza después.

Hijo de periodista, en el instituto le brotó el sarpullido de la escritura y ya nada sería lo mismo…


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