Hablamos de Vieja entrepierna humeante
«Uno de los primeros días decidí desayunar en el bar del hostal, donde el gerente que no paraba de darle a la machiri había instalado su campamento base. Desde primera hora agarraba el aguardiente como un biberón y no había Dios que lo desenchufara de aquello. Lo verdaderamente frustrante era comprobar que ni siquiera eso lograba ralentizarle la lengua. Traté de pedirle café y una tostada con aceite, colar mi comanda entre una viva sarta de gilipolleces, y después de que —oh fortuna— esta cesara y de que, en ese incomprensible impase, el gerente coñazo me preguntara de nuevo cómo deseaba yo la tostada, supuse que era hora de buscarme otro sitio».
AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA
De lo poco para lo que me sirvió la Universidad fue para aprenderme de memoria el Diccionario panhispánico de dudas.
Quiso matricularse en Filología Inglesa, pero lo hizo en Traducción e Interpretación y en Humanidades.
-¿Cuándo apareció el escritor?
-De chico en casa había un cacharro que me flipó: de él salían libros.
Barea, un tipo adicto a la tele que confiesa que pierde los nervios con facilidad.
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