Hablamos de Vieja entrepierna humeante
«7.- Costuras
La cama de un caluroso dormitorio en penumbra. Desperté en ella. Empapado. Tapado hasta las cejas. La colcha era verdosa y de flores y estaba mojada y apestaba. Como muchas de mis camisas. Tenía los ojos entornados, doloridos. Recordaba esa sensación de dolor generalizado y en meseta, la de tener el cuerpo como acolchado, relleno de líquido fuera de su sitio; antes la asociaba con las agujetas increíblemente bestias de la tarde o mejor dicho el día siguiente a un partido de rugby. Ahora se me antojaba más como el último paso hacia una tetraplejia.
La casa parecía pequeña y estaba también en penumbra. Las ventanas estaban cerradas y las persianas echadas. La atmósfera era tórrida y febril. Avanzaba por el pasillo que encontré al salir del dormitorio arrastrando los pies, dejando atrás mi pierna entablillada, apoyándome en la pared. No podía dejar de repetírmelo, de fustigarme con ello como si fuera alambre de espino, con la espalda torcida, la vista en las losas decoloradas del suelo: Te has involucrado, has estrechado lazos, has dejado que alguien se quede con tu cara, y mira qué ha pasado.
Mira lo que le pasa al viejo cuando se pone a hacer amigos».
AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA
En tu estantería sólo caben diez novelas. Cuáles son y por qué.
No creo que tenga sentido reducir las inquietudes culturales e intelectuales de nadie a una simple enumeración. Pero bueno: Allá donde fueres… y esas cosas, supongo. Eso sí: esto va a ser más que nada una especie de experimento, ya que estas preguntas van a responderse de manera estrictamente instintiva y sin ningún orden en particular. Escribiré, más o menos, lo primero que se me venga a la cabeza, de modo que si me haces las mismas preguntas mañana, probablemente las respuestas serán distintas. En fin, ahora mismo, estas novelas:
Polen, de Jeff Noon: Una de las pocas veces en las que he pensado que estaba ante algo…
El extranjero, de Camus: Una de las historias que más me ha impactado, no solo por lo horrible de su…
El monstruo de Hawkline, de Richard Brautigan: Un ejemplo de cómo puede escribirse una novela que conecta con…
El día de la langosta, de Nathanael West: Una novela muy amarga que me gusta por…
[...]
¿Quieres propina?
Cinco vicios…
Morderme las uñas, quejarme, la tele, hacer el vago…, café. En particular en momentos de estrés, aunque el café lo tomo siempre. A veces la tele acaba siendo simplemente ruido de fondo, como la música.
Cinco manías…
Café por las mañanas. Chicle en los aviones. Doblar las esquinas de los libros. Jalar del cuello de las camisetas para darlo de sí, en especial si son nuevas. Comprobar la versión original y títulos originales de las películas que me gustan y los títulos originales de las novelas.
La mayoría supongo que se deben a rutinas que ya forman parte de mí y en las que casi no pienso. Otras por comodidad. Las últimas por haber estudiado lo que he estudiado, digo yo.
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