Hablamos de Vieja entrepierna humeante
«16
Bien Mayor
Como cabía esperar, resultó que el fulano que Loti me quitó de encima en el Hostal Costa Conil percha mediante acabó dando la cara. Afortunadamente no del modo en que lo habían estado haciendo el resto de fulanos casi indestructibles; este sí había muerto como las personas normales, pero eso no quita que un quinqui se pasara una tarde por el basurero a por un puto candelabro o lo que fuera y en lugar de aquello se encontrara con un tío pudriéndose con una percha en el pescuezo.
A Mungo también le terminaría sorprendiendo el hallazgo: incomprensiblemente, no era uno de los suyos, sino un cazarrecompensas que iba por libre. La forma que tuvo Rocky Mungo de enterarse de ello fue que, después de que el caso pasara al control de la Guardia Civil y de sumar dos y dos con el asunto de la masacre del Club Galán, con la que buena parte del cuerpo se había quedado sin los honorarios de ese mes por hacer la vista gorda, el Teniente de la Brigada Regional de la Policía Nacional de Conil se vio obligado a hacer un par de llamadas; y puesto que, por alguna razón, en casa del Camero nadie cogía el puto teléfono, tuvo que echarle huevos y resoplar y resoplar y resoplar y decir joder muchas veces seguidas y marcar el último número de la lista que se le había proporcionado tiempo atrás, ese número que nunca había marcado y que esperaba no tener que marcar nunca. Pero le había tocado una de las peores loterías.
Mira que hay pueblos, coño…».
AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA
Tercero de los relatos inéditos, raros, distintos de Manuel Barea que publicamos en Black & Noir complementando esta novela que estamos leyendo, Vieja entrepierna humeante.
Material para coleccionistas.
El relato que hoy publicamos se titula Nelson Algren, y este pasaje apunta la dirección por la que transita:
Un sucio cerdo estúpido que una noche tuvo la pésima idea de violar a su chica. De asaltar a su chica y metérsela a la fuerza por detrás. Sí, pésima idea. Ella vuelve a casa con la cara espachurrada como una bolsita de kétchup y le dice a su hombre que un sucio cerdo debe morir.
Nelson Algren comienza así:
¡Yiii-jaa! Nelson Algren, desgraciado, al alba te detienes en una gasolinera para repostar y pedir un café expreso. Justo al salir del coche decides comprar una cajetilla de Camel porque estás harto de toda esta mierda y de ese rollo del no-fumador.
Carla te dice que qué coño haces, que como vuelvas a fumar te arrancará los pulmones. Piensas en lo absurdo de la amenaza. En que el resultado final es el mismo en ambos casos.
Sueltas un bramido en el calor adherente. Bufff. Cuando ves que sus botas de azufre tocan el suelo le gritas que se calle la boca y se meta en el coche.
PUEDES LEER EL RELATO COMPLETO EN EL CONTENIDO EXTRA DEL CAPÍTULO 16 DE VIEJA ENTREPIERNA HUMEANTE
CAPÍTULO Y CONTENIDO EXTRA ÍNTEGROS EN LA APP BLACK & NOIR