Hablamos de Vieja entrepierna humeante
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Sr. Fixit
Pues resulta que si estábamos en los setenta-ochenta y eras un jefe criminal o incluso si te encontrabas un par de peldaños por debajo en la escala del negocio de la capital y la costa mediterránea y tenías un puto problema que ni siquiera tú eras capaz de atajar, lo mejor era llamar al Señor Fixit.
Nadie sabía de dónde coño había salido ese pavo, tan solo que, si te veías obligado a llamarlo, era porque la cosa se te había ido de las manos hasta niveles estratosféricos. Sus honorarios por día eran una puta locura incluso para los peces más gordos. Se decía que era tanto un español que se había pasado media vida trabajando en Estados Unidos para la mafia y en Colombia para los cárteles como un estadounidense o colombiano que se había pasado media vida trabajando en España vendiendo sus habilidades cuasi-sobrehumanas para solucionar problemas a tipos como Rocky Mungo. De ahí lo de Fixit. Por lo visto, en Estados Unidos era normal que cualquiera de los mandamases, desde el más poderoso hasta el menor de los gusanos, tuviera en la agenda los números de cinco o seis Fixits. Quizá ordenados de manera descendente con respecto a su efectividad».
AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA
Cuarta y última entrega de Inéditos y Rarezas: relatos inéditos, raros, distintos de Manuel Barea que publicamos en Black & Noir complementando esta novela que estamos leyendo, Vieja entrepierna humeante.
El relato que hoy publicamos se titula Por ejemplo de negritos, y este pasaje condensa lo que contiene:
Vamos a jugar a un juego, le dije. Una frase estúpida. Ella: ¿a qué? Y ahí que voy. Verás: cada vez que salga un anuncio de una ONG o ACNUR o algo de eso de un euro al día para salvar a tal, me la saco y tienes que hacer algo con ella, lo que quieras, como si la bañas en crema pastelera, me da igual, la chupas, te la metes, la meneas, lo que sea, y después cuando vuelva a salir otro de esos anuncios pues yo hago lo mismo contigo, es decir, te quitas los pantalones y yo... Y mejor, pensé, parar ahí. Ella me miró como Indiana Jones cuando encuentra el ídolo de oro al principio de En busca del arca perdida. Maravillada. Y perpleja. ¿Pero qué anuncios? ¿Los de los niñitos? (…) Sí, joder, (…) los anuncios estos que salen de ONGs, añadí, por ejemplo de negritos.
Por ejemplo de negritos comienza así:
Una frase estúpida: ¿jugamos a un juego?
¿A qué?
(Y ahí que voy):
Señor, hoy tengo algo muy especial para usted.
No jodas, ¿qué es?
Una chica.
Ah, ¿sí?
Sí, está por ahí, más adelante, solo unos pasos más y allí estará.
Vaya, Alfredo, qué bien.
Pues sí. Y además le gustará saber que podrá mantener relaciones sexuales con ella.
¡La Virgen!
Eso exactamente no, señor, ya lo verá, pero aun así le aseguro que le gustará. Está muy experimentada y le atraen los tipos con barba.
PUEDES DISFRUTAR EL RELATO COMPLETO EN EL CONTENIDO EXTRA DEL CAPÍTULO 20 DE VIEJA ENTREPIERNA HUMEANTE.
CAPÍTULO Y CONTENIDO EXTRA ÍNTEGROS EN LA APP BLACK & NOIR