Hablamos de Godot: Príncipe de Dinamarca
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Una obra inconclusa
Los servicios estaban en penumbras. Ninguno de los dos había considerado que fuera necesario encender la luz y además la noche ya se volcaba sobre la ciudad. Quizá por eso una súbita deflagración llegó a dejarles ciegos por unos segundos. No había sido ningún relámpago. Cuando al autor le regresó la vista, descubrió a un fotógrafo con su cámara todavía caliente en las manos.
«Trabajo en la Gaceta Local».
Era un periodista.
«Si aguanta un minuto antes de salir al escenario, señor, me gustaría hacerle un par de preguntas».
El autor echó a correr hacia la salida del aseo de señoras. Se dio cuenta de que el periodista le estaba cortando el camino y no tuvo ningún reparo en darle un tremendo empujón y tirarle al suelo. El periodista, mientras se caía, con su mano libre intentó retenerle, pero sus dedos apenas consiguieron agarrarle de la camisa.
El autor volvió a salir al pasillo de la primera planta y corrió hacia las cortinas que debían de comunicar con algún salón de descanso. Miró un instante hacia atrás, como por inercia, y descubrió que el periodista y su cámara de fotos le estaban persiguiendo. Entonces empezó a correr de verdad».
AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA
Soy profesor de Lengua y Literatura españolas en un colegio bilingüe en Praga.
Mis alumnos tienen entre 14 y 20 años, la mayoría de 17 a 19.
Soy más de literatura (tenemos un temario casi universitario) que de lengua.
No castigo nunca. Ni grito.
¿Qué se aprende enseñando?
Se aprende a decir no lo sé. No lo sé pero lo busco y mañana te lo explico; si eso no se hace, se acabó el profesor.
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