Hablamos de Godot: Príncipe de Dinamarca

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Los abrigos

Fue entonces cuando, de pie en las sombras del vestíbulo, apareció una señora que disimulaba sus arrugas a golpe de maquillaje. Estaba con los brazos cruzados y daba golpecitos en el suelo con la suela del zapato. Ponía cara como de estar acabándosele la paciencia.

“Pero vamos a ver, ¿usted quién se ha creído que es?”

El autor se señaló a sí mismo.

“¿Quién, yo?”

“Sí, usted, ¿acaso se piensa que puedo estar esperándole toda la vida?”

El autor le dijo que no sabía de qué le estaba hablando y le pidió que fuera tan amable de decirle quién se suponía que era ella. La señora que disimulaba sus arrugas a golpe de maquillaje no se dignó ni a contestarle. Tan sólo se dio media vuelta y entró por una puerta de cristal. El autor entendió que debía seguirla.

Él también atravesó la puerta y enseguida descendió unas escaleras que conducían directamente a un espacio cerrado en el que solamente había un mostrador y cientos de percheros. Era el guardarropa.

La mujer pasó al otro lado del mostrador y extendió la palma de la mano para que el autor le diera la ficha redonda de su abrigo. Se fijó entonces en que en aquella colmena de perchas solamente había dos abrigos colgados, uno que era el suyo y otro que parecía muy antiguo.

“El mío es el gris.”

La mujer que se disimulaba las arrugas a golpe de maquillaje sonrió con ironía.

“Sé perfectamente cuál es el suyo. Es usted la última persona que queda en este teatro”».

 

AVANCE DEL CONTENIDO EXTRA

La lectura se fomenta a través de la calidad. De buena literatura.

También funciona llevar a la lectura a través de la escritura, en mis clases lo hago.

El libro no va a desaparecer. Pero los jóvenes siempre van por delante y la literatura tendría que estar en el lugar donde leen y escriben, en “el aire”. 

¿Cómo leo ahora y qué; qué autores busco?


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